Gabriel Rodríguez Blog

noviembre 24, 2009

Súbase a la Ruta 2…

Archivado en: Cuento — gabrielrdz75 @ 6:43 pm
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Ruta 2

Gabriel Rodríguez García

Josefa levantó a Pedro justo a las seis de la mañana, le tuvo que pegar en la panza para que se despertara, lo cual no fue difícil.

– ¡Pérate vieja, cinco minutos más! – todos los días era igual, Josefa peleando con Pedro para que fuese a trabajar.

– Ni madres cabrón, ayer llegaste tarde y te chingaron  la comisión, si vuelves… – Pedro se paró de un brinco interrumpiendo el regaño.

– Ya, ya,ya… ¿qué hay de almuerzo?-  Josefa estalló en risas.

- ¿Almuerzo? …che gordo ya vete a jalar huevón-  Pedro se puso la misma camisa y el mismo pantalón del día anterior.

– ¿Comiste gallo o que vieja? – Josefa se puso a barrer sin voltear a verlo.

Pedro llegó a la pequeña central de la Ruta 2 y se subió a “La Indomable”, así le llamaba a su camión negro con franja roja, se puso sus lentes oscuros a pesar de que el sol todavía no salía, prendió el radio y se puso a silbar una canción de moda, encendió el camión y el olor a diesel le lleno los pulmones arrancándole una sonrisa.

Para las once de la mañana ya sudaba a raudales, llevaba cuatro vueltas de ciudad Guadalupe al centro de Monterrey pasando por Colón hasta Gonzalitos, el pequeño ventilador no era suficiente para los 42 grados a la sombra. Pedro estaba orgulloso de su camión; se había tardado mucho tiempo en arreglarlo: el pequeño ventilador de Acapulco, el volate de cadena, el acelerador en forma de pie que le regalo su compadre Locho, el radio de imitación aluminio, el peluche rojo en el tablero, el espejo “ojo de pescado” para ver a todos los pasajeros (en especial a las pasajeras), el termómetro sujetado con cinta maskin en el monedero, el beisbolista de los Sultanes sin brazos en el tablero el cual se movía de acuerdo al movimiento del camión, la palanca de cambios de bola de vidrio con un alacrán de Durango dentro, la virgen de Guadalupe en tornasol, los dados de peluche sucio en el espejo retrovisor y un calendario de mujeres en traje de baño de hace varios años.

Para las 12:20 del mediodía realmente comenzaba a odiar a la gente; a todos, a los automovilistas, a los peatones, a los que subían, a los que bajaban, incluso cuando se miraba en el espejo se maldecía de forma enfermiza. En la esquina de Serafín Peña con Emiliano Zapata, se subía El Javi, conocido ladrón de Guadalupe. Había días que se subía en el camión de Locho -su compadre- pero por lo general se subía en el suyo, eso le molestaba, aún más a 43 grados a la sombra y subiendo.

El Javi iba parado al fondo del camión, Pedro miraba como le sacaba la cartera a un estudiante, no hizo nada, no le importaba.

– ¡Aquí me bajo gordo! – ya conocía sus movimientos. Antes de que bajara por completo, Pedro aceleró provocando que  trastabillara pero sin caer. Miró por el espejo, el Javi le manoteaba en el aire insultándolo

– Pinche Javi, un día te voy a tumbar.

Había un tramo entre la Avenida Benito Juárez y Colón donde nadie subía y nadie bajaba, esta era la parte de su trayecto que mas disfrutaba, aquí aceleraba y sentía como el viento lo refrescaba, el sudor cesaba por un momento, pero esta sensación duraba muy poco. Minutos después se tenía que parar en la esquina de Colon con Cuauhtémoc que era donde más gente subía, Pedro apenas y se inmutaba.

– No tengo cambio, para atrás, atrás hay lugar, ya se me acabaron los boletos- Siempre decía lo mismo, día tras día repetía las mismas instrucciones en el mismo lugar, se disponía a reanudar su recorrido cuando una voz diferente le llamó la atención.

– Disculpe, ¿pasa por cigarrera?- normalmente Pedro le hubiese respondido de mala manera pero esta vez se quedo mudo viéndola, era una muchacha joven, quemada por el sol, sin una gota de maquillaje, ojos enormes y negros, el sólo verla era mejor que el viento a gran velocidad, olvidó los ahora 44 grados, la mujer volvió a preguntar:

– Señor, ¿pasa por cigarrera? – Pedro tragó saliva y se limpió el sudor del cuello y de la frente con su pañuelo ya amarillo.

– Si-  respondió sin decir nada más.

La mujer subió tímida y se sentó dos asientos detrás de él, Pedro manejaba descuidado, miraba a la mujer, por la posición en la que se encontraba solo alcanzaba a ver la mitad de su rostro. Esto era suficiente para no hacerle caso al timbre, la gente que quería bajar comenzaba a silbarle.

– Cabrón, te vengo pidiendo bajada desde hace tres cuadras.

– Perdón – ¿perdón? pensó, no recordaba cuando había sido la última vez que había utilizado esa palabra, no estaba seguro de su significado.

Minutos después pasó frente a Cigarrera y se paró. Por el espejo vio que la mujer lo miraba a los ojos y le sonreía, Pedro prendió el décimo cigarro del día.

- Gracias señor, es muy amable- otra vez ella, no supo que responder, sólo asintió con la cabeza sin verla. Pedro no se movió hasta que la mujer se perdió en la esquina.

- ¡Ya vámonos viejo caliente!, ¡Acelérale gordo!- no le importaban los silbidos y los insultos. El resto del día se le pasó en un abrir y cerrar de ojos, solo recordaba a la delgada mujer de ojos profundos.

Llegó a  casa todavía con la imagen fresca de aquella joven, abrió la puerta y se topó con su mujer, sintió ganas de llorar.

- ¿Y ahora?…llegas temprano, que mosca te picó, te hacía en la cantina con Locho- la voz de Josefa le destruyó la imagen de la mujer de Cigarrera, pero que diferente era su voz, esa noche durmió mal.

Pedro se levantó una hora antes de lo normal, para cuando Josefa se despertó Pedro se estaba peinando y arreglándose el cuello de la camisa.

– Achis, ¿y ahora? – Pedro no respondió, salió corriendo dejando la puerta abierta.

Su camión estaba hecho un asco, aprovechó que era temprano para lavarlo, saco colillas de cigarros, revistas, periódicos amarillistas, chicles y un pañal en la parte de atrás. Su camión parecía el de otro, sobre todo el asiento donde se había sentado la mujer. Pedro sentía que las horas eran días, manejaba impaciente, rápido, algo había cambiado en su actitud, trataba con cortesía a los pasajeros.

-   Pásele señora, como no joven- frases que extrañaron a los usuales pasajeros.

– Oiga Don Pedro ¿pos qué le pasa hoy?, ¿Ta’ borracho o qué?- Doña Chona era de las pocas que se atrevían a platicar con él – Hasta se ve diferente, arreglado y ya no dice tanta grosería… mmm hasta huele a limpio.

Eran las 12:20,  Serafín Peña con Zapata, el Javi esperaba en la esquina, Pedro tuvo que parar. Doña Chona quería bajar precisamente en esa esquina. El Javi subió con sus grandes zancadas.

- Aquí está gordo- le aventó un par de monedas pero no hizo nada por ellas. Sintió que le hervía la sangre pero se aguantó. El Javi iba parado a su lado   – no creas que se me olvida lo de ayer cabrón, querías que me diera en la madre-  no le contestó – pinche gordo- el Javi se rió y se fue al fondo del camión a buscar a una víctima.

Pedro se puso algo nervioso cuando el Javi no se bajó donde acostumbraba. Se acercaba a la esquina de Colón con Cuauhtémoc, donde aquella mujer se subía y ahí estaba ella igual que ayer, con su uniforme aqua sentía como le sudaban las manos. La gente se metía a empujones, la mujer subió lentamente, con cuidado y se paró frente al Javi este se dio cuenta de su presencia. Pedro empezaba a temblar. A través del espejo veía como el Javi se acercaba y comenzaba a manosear a la mujer… a su mujer. Pedro había visto a el Javi hacer esto muchas veces y nunca había hecho nada, pero ahora era diferente, no podía soportarlo, la mujer gritó cuando el Javi la tomo por la cadera apretándola contra él.  Pedro frenó en seco y toda la gente que iba parada cayó al piso con fuerza, el Javi alcanzó a sujetarse de un asiento y los gritos inundaron el camión. Pedro caminó con una botella de Coca-Cola en la mano.

– La vuelves a tocar, cabrón y te lleva la chingada- el Javi reía.

– ¿Y qué vas hacerme gordito?- Pedro no respondió, simplemente estrelló la botella en la cabeza del Javi. Éste cayó gimiendo de forma extraña. Pedro se acercó a la mujer y la ayudó a levantarse.

– ¿Estás bien?- la mujer lloraba.

– Sí….

Pedro no pudo decir nada, escuchó un grito detrás de él y sintió una punzada en la espalda, una vez, dos veces, tres veces. Después  una sensación de calor que le escurría por las piernas, sentía como se le iba la respiración mientras caía al piso sin dejar de ver el rostro de la mujer, el Javi salió tambaleándose del camión perdiéndose entre los mirones con el puñal en la mano roja.

– ¿Cómo te llamas mujer?- apenas y tenía fuerza para hablar. La mujer de cigarrera se arrodilló junto a él.

– Esperanza- respondió en llanto.

– No chilles… voy a estar bien- pero se sentía cansado, tenía sueño, así que cerró los ojos sintiendo lo salado de sus lagrimas en sus labios.

Pedro abrió los ojos en el hospital, sentada junto a él estaba Esperanza con su uniforme, le sonrió de la misma manera que lo había hecho la primera vez en el camión, apenas ayer. Se acercó a su rostro y le dio un beso en la frente. Como le hubiera gustado que fuese más abajo.

– Gracias por lo que hiciste, me siento mal por lo que le pasó-  su voz hizo que cerrara lo ojos. Se dio cuenta de que realmente era una mujer muy joven, demasiado para el, volteó la mirada.

– Gracias… por venir –  le dolía hablar

– Ya me voy-  Pedro trató de levantarse en vano.

– Esperanza, ¿por qué viniste?-  le preguntó, pero ella ya había salido del cuarto.

o

Después de dos semanas y Pedro salió del hospital, Josefa, su esposa lo fue a visitar solamente tres veces, donde aprovechaba para echarle en cara todos sus problemas. Esperanza lo visitaba después del trabajo cuando podía, le quedaba de paso y le daba risa la risa de  Pedro, por suerte nunca se topó con Josefa.

Lo primero que hizo Pedro al salir fue comprar con ayuda de Locho, su compadre un taxi, un vocho verde con blanco “el sapo” tenía todos los arreglos de “La Indomable”: el volante de cadena, el pedal en forma de pie, los dados en el espejo…

Ahora  manejaba por donde quería y recogía  a quien quería, ya no seguía la rutina aburrida de la Ruta 2, la única rutina que tenía era la de recoger a Esperanza en la esquina de Colón y Cuauhtémoc para llevarla a Cigarrera y de vez en cuando al cine.

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