Gabriel Rodríguez Blog

noviembre 26, 2009

Concierto Sala Beethoven….

Archivado en: Música — gabrielrdz75 @ 3:18 pm
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Este es el programa para el día martes 8 de diciembre que organiza Sala  Beethoven en el Auditorio San Pedro… realmente vale la pena.

Saludos

Sergei Rachmaninoff


P R O G R A M A

JORGE  GALLEGOS

Sonata en Mi menor                                                        Scarlatti – Tausig

Sonata Op.7 en Mi bemol mayor                                    Ludwig van Beethoven

Allegro molto e con brio

Largo, con gran espressione

Allegro

Rondo poco Allegretto e gracioso

I N T E R M E D I O

3 Estudios Op.10                                                             Frédéric Chopin

No.3  - Mi mayor

No.4  – Do sostenido menor

No.12 – Do menor

Balada Op.47 en La bemol mayor                                  Frédéric Chopin

3 Preludios                                                                     Sergei Rachmaninoff

Op.3 No.2 – Do sostenido menor

Op.32 No.12 – Sol sostenido menor

Op.23 No.5 – Sol menor

noviembre 24, 2009

Súbase a la Ruta 2…

Archivado en: Cuento — gabrielrdz75 @ 6:43 pm
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Ruta 2

Gabriel Rodríguez García

Josefa levantó a Pedro justo a las seis de la mañana, le tuvo que pegar en la panza para que se despertara, lo cual no fue difícil.

– ¡Pérate vieja, cinco minutos más! – todos los días era igual, Josefa peleando con Pedro para que fuese a trabajar.

– Ni madres cabrón, ayer llegaste tarde y te chingaron  la comisión, si vuelves… – Pedro se paró de un brinco interrumpiendo el regaño.

– Ya, ya,ya… ¿qué hay de almuerzo?-  Josefa estalló en risas.

- ¿Almuerzo? …che gordo ya vete a jalar huevón-  Pedro se puso la misma camisa y el mismo pantalón del día anterior.

– ¿Comiste gallo o que vieja? – Josefa se puso a barrer sin voltear a verlo.

Pedro llegó a la pequeña central de la Ruta 2 y se subió a “La Indomable”, así le llamaba a su camión negro con franja roja, se puso sus lentes oscuros a pesar de que el sol todavía no salía, prendió el radio y se puso a silbar una canción de moda, encendió el camión y el olor a diesel le lleno los pulmones arrancándole una sonrisa.

Para las once de la mañana ya sudaba a raudales, llevaba cuatro vueltas de ciudad Guadalupe al centro de Monterrey pasando por Colón hasta Gonzalitos, el pequeño ventilador no era suficiente para los 42 grados a la sombra. Pedro estaba orgulloso de su camión; se había tardado mucho tiempo en arreglarlo: el pequeño ventilador de Acapulco, el volate de cadena, el acelerador en forma de pie que le regalo su compadre Locho, el radio de imitación aluminio, el peluche rojo en el tablero, el espejo “ojo de pescado” para ver a todos los pasajeros (en especial a las pasajeras), el termómetro sujetado con cinta maskin en el monedero, el beisbolista de los Sultanes sin brazos en el tablero el cual se movía de acuerdo al movimiento del camión, la palanca de cambios de bola de vidrio con un alacrán de Durango dentro, la virgen de Guadalupe en tornasol, los dados de peluche sucio en el espejo retrovisor y un calendario de mujeres en traje de baño de hace varios años.

Para las 12:20 del mediodía realmente comenzaba a odiar a la gente; a todos, a los automovilistas, a los peatones, a los que subían, a los que bajaban, incluso cuando se miraba en el espejo se maldecía de forma enfermiza. En la esquina de Serafín Peña con Emiliano Zapata, se subía El Javi, conocido ladrón de Guadalupe. Había días que se subía en el camión de Locho -su compadre- pero por lo general se subía en el suyo, eso le molestaba, aún más a 43 grados a la sombra y subiendo.

El Javi iba parado al fondo del camión, Pedro miraba como le sacaba la cartera a un estudiante, no hizo nada, no le importaba.

– ¡Aquí me bajo gordo! – ya conocía sus movimientos. Antes de que bajara por completo, Pedro aceleró provocando que  trastabillara pero sin caer. Miró por el espejo, el Javi le manoteaba en el aire insultándolo

– Pinche Javi, un día te voy a tumbar.

Había un tramo entre la Avenida Benito Juárez y Colón donde nadie subía y nadie bajaba, esta era la parte de su trayecto que mas disfrutaba, aquí aceleraba y sentía como el viento lo refrescaba, el sudor cesaba por un momento, pero esta sensación duraba muy poco. Minutos después se tenía que parar en la esquina de Colon con Cuauhtémoc que era donde más gente subía, Pedro apenas y se inmutaba.

– No tengo cambio, para atrás, atrás hay lugar, ya se me acabaron los boletos- Siempre decía lo mismo, día tras día repetía las mismas instrucciones en el mismo lugar, se disponía a reanudar su recorrido cuando una voz diferente le llamó la atención.

– Disculpe, ¿pasa por cigarrera?- normalmente Pedro le hubiese respondido de mala manera pero esta vez se quedo mudo viéndola, era una muchacha joven, quemada por el sol, sin una gota de maquillaje, ojos enormes y negros, el sólo verla era mejor que el viento a gran velocidad, olvidó los ahora 44 grados, la mujer volvió a preguntar:

– Señor, ¿pasa por cigarrera? – Pedro tragó saliva y se limpió el sudor del cuello y de la frente con su pañuelo ya amarillo.

– Si-  respondió sin decir nada más.

La mujer subió tímida y se sentó dos asientos detrás de él, Pedro manejaba descuidado, miraba a la mujer, por la posición en la que se encontraba solo alcanzaba a ver la mitad de su rostro. Esto era suficiente para no hacerle caso al timbre, la gente que quería bajar comenzaba a silbarle.

– Cabrón, te vengo pidiendo bajada desde hace tres cuadras.

– Perdón – ¿perdón? pensó, no recordaba cuando había sido la última vez que había utilizado esa palabra, no estaba seguro de su significado.

Minutos después pasó frente a Cigarrera y se paró. Por el espejo vio que la mujer lo miraba a los ojos y le sonreía, Pedro prendió el décimo cigarro del día.

- Gracias señor, es muy amable- otra vez ella, no supo que responder, sólo asintió con la cabeza sin verla. Pedro no se movió hasta que la mujer se perdió en la esquina.

- ¡Ya vámonos viejo caliente!, ¡Acelérale gordo!- no le importaban los silbidos y los insultos. El resto del día se le pasó en un abrir y cerrar de ojos, solo recordaba a la delgada mujer de ojos profundos.

Llegó a  casa todavía con la imagen fresca de aquella joven, abrió la puerta y se topó con su mujer, sintió ganas de llorar.

- ¿Y ahora?…llegas temprano, que mosca te picó, te hacía en la cantina con Locho- la voz de Josefa le destruyó la imagen de la mujer de Cigarrera, pero que diferente era su voz, esa noche durmió mal.

Pedro se levantó una hora antes de lo normal, para cuando Josefa se despertó Pedro se estaba peinando y arreglándose el cuello de la camisa.

– Achis, ¿y ahora? – Pedro no respondió, salió corriendo dejando la puerta abierta.

Su camión estaba hecho un asco, aprovechó que era temprano para lavarlo, saco colillas de cigarros, revistas, periódicos amarillistas, chicles y un pañal en la parte de atrás. Su camión parecía el de otro, sobre todo el asiento donde se había sentado la mujer. Pedro sentía que las horas eran días, manejaba impaciente, rápido, algo había cambiado en su actitud, trataba con cortesía a los pasajeros.

-   Pásele señora, como no joven- frases que extrañaron a los usuales pasajeros.

– Oiga Don Pedro ¿pos qué le pasa hoy?, ¿Ta’ borracho o qué?- Doña Chona era de las pocas que se atrevían a platicar con él – Hasta se ve diferente, arreglado y ya no dice tanta grosería… mmm hasta huele a limpio.

Eran las 12:20,  Serafín Peña con Zapata, el Javi esperaba en la esquina, Pedro tuvo que parar. Doña Chona quería bajar precisamente en esa esquina. El Javi subió con sus grandes zancadas.

- Aquí está gordo- le aventó un par de monedas pero no hizo nada por ellas. Sintió que le hervía la sangre pero se aguantó. El Javi iba parado a su lado   – no creas que se me olvida lo de ayer cabrón, querías que me diera en la madre-  no le contestó – pinche gordo- el Javi se rió y se fue al fondo del camión a buscar a una víctima.

Pedro se puso algo nervioso cuando el Javi no se bajó donde acostumbraba. Se acercaba a la esquina de Colón con Cuauhtémoc, donde aquella mujer se subía y ahí estaba ella igual que ayer, con su uniforme aqua sentía como le sudaban las manos. La gente se metía a empujones, la mujer subió lentamente, con cuidado y se paró frente al Javi este se dio cuenta de su presencia. Pedro empezaba a temblar. A través del espejo veía como el Javi se acercaba y comenzaba a manosear a la mujer… a su mujer. Pedro había visto a el Javi hacer esto muchas veces y nunca había hecho nada, pero ahora era diferente, no podía soportarlo, la mujer gritó cuando el Javi la tomo por la cadera apretándola contra él.  Pedro frenó en seco y toda la gente que iba parada cayó al piso con fuerza, el Javi alcanzó a sujetarse de un asiento y los gritos inundaron el camión. Pedro caminó con una botella de Coca-Cola en la mano.

– La vuelves a tocar, cabrón y te lleva la chingada- el Javi reía.

– ¿Y qué vas hacerme gordito?- Pedro no respondió, simplemente estrelló la botella en la cabeza del Javi. Éste cayó gimiendo de forma extraña. Pedro se acercó a la mujer y la ayudó a levantarse.

– ¿Estás bien?- la mujer lloraba.

– Sí….

Pedro no pudo decir nada, escuchó un grito detrás de él y sintió una punzada en la espalda, una vez, dos veces, tres veces. Después  una sensación de calor que le escurría por las piernas, sentía como se le iba la respiración mientras caía al piso sin dejar de ver el rostro de la mujer, el Javi salió tambaleándose del camión perdiéndose entre los mirones con el puñal en la mano roja.

– ¿Cómo te llamas mujer?- apenas y tenía fuerza para hablar. La mujer de cigarrera se arrodilló junto a él.

– Esperanza- respondió en llanto.

– No chilles… voy a estar bien- pero se sentía cansado, tenía sueño, así que cerró los ojos sintiendo lo salado de sus lagrimas en sus labios.

Pedro abrió los ojos en el hospital, sentada junto a él estaba Esperanza con su uniforme, le sonrió de la misma manera que lo había hecho la primera vez en el camión, apenas ayer. Se acercó a su rostro y le dio un beso en la frente. Como le hubiera gustado que fuese más abajo.

– Gracias por lo que hiciste, me siento mal por lo que le pasó-  su voz hizo que cerrara lo ojos. Se dio cuenta de que realmente era una mujer muy joven, demasiado para el, volteó la mirada.

– Gracias… por venir –  le dolía hablar

– Ya me voy-  Pedro trató de levantarse en vano.

– Esperanza, ¿por qué viniste?-  le preguntó, pero ella ya había salido del cuarto.

o

Después de dos semanas y Pedro salió del hospital, Josefa, su esposa lo fue a visitar solamente tres veces, donde aprovechaba para echarle en cara todos sus problemas. Esperanza lo visitaba después del trabajo cuando podía, le quedaba de paso y le daba risa la risa de  Pedro, por suerte nunca se topó con Josefa.

Lo primero que hizo Pedro al salir fue comprar con ayuda de Locho, su compadre un taxi, un vocho verde con blanco “el sapo” tenía todos los arreglos de “La Indomable”: el volante de cadena, el pedal en forma de pie, los dados en el espejo…

Ahora  manejaba por donde quería y recogía  a quien quería, ya no seguía la rutina aburrida de la Ruta 2, la única rutina que tenía era la de recoger a Esperanza en la esquina de Colón y Cuauhtémoc para llevarla a Cigarrera y de vez en cuando al cine.

noviembre 17, 2009

Instructivo taxi…

Archivado en: Instructivos — gabrielrdz75 @ 4:10 pm
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Instrucciones para tomar un taxi (capítulo Playa del Carmen)

Gabriel Rodríguez García

Si no se cuenta con automóvil ó bicicleta lo más probable; para una distancia mayor a dos kilómetros, es que se decida tomar un taxi más aún si está lloviendo (probable que suceda al decidir caminar en vez de utilizar otro método de transporte –Ley de Murphy).

Lo primero que se tiene que hacer es saber con precisión el destino al que se va y saber la distancia aproximada así como el tiempo para llegar a ella ya que de esto depende el importe a pagar (los taxímetros no se conocen en esta parte del país). Una vez teniendo esta información es necesario acercarse a la banqueta o inclusive bajar de esta y colocarse en el asfalto. A continuación se deberá levantar el brazo derecho en forma vertical con el dedo índice levantado y los demás cerrados, dependiendo de la hora del día y la época del año es la frecuencia con la que pasarán los taxis desocupados y dispuestos a trabajar

Una vez que el taxi localiza al necesitado se  acercará al mismo de manera descortés hacia los demás conductores no importándole las reglas básicas de tránsito y buen gobierno. Antes de subir se recomienda abrir un poco la puerta (en caso de tener el vidrio del copiloto cerrado) y preguntar por el costo al destino deseado ya que al no contar con taxímetro el precio depende de factores inexplicables. Para una distancia de entre dos a cinco kilómetros la tarifa varía entre 15 a 20 pesos (esto a marzo del 2009), si se está de acuerdo con el monto se procede a subir al vehículo de preferencia en la parte posterior por motivos obvios de seguridad y comodidad (cuanti más si se es una dama o se preste de serlo).

Una vez dentro, dependiendo del conductor puede haber o no un saludo y proseguir con una plática por lo general insípida y banal como hablar sobre el clima, acerca del último huracán, la crisis o los turistas. Esto puede ser aprovechado para romper el “hielo” y en algunos casos; los menos, a bajar la tarifa a pagar.

Una vez llegado al destino se le indica al conductor el lugar en el cual se desea bajar, se procede a salir del taxi y a pagar el precio acordado con anterioridad tratando de hacer el pago con un billete de no mas de 50 pesos ya que se corre el riesgo de recibir una cantidad de monedas de baja denominación provocando incomodidad para el pasajero. Si se cuenta con la cantidad exacta, el conductor quizá se lo agradezca.

Por último se deberá cerrar la puerta con la fuerza suficiente para que esta lo haga por completo, pero no con una fuerza desmedida que provoque el enojo normalmente representado con una mirada escondida bajo la gafa oscura del conductor.

Diríjase en paz al destino planeado.

Instructivo cerveza…

Archivado en: Instructivos — gabrielrdz75 @ 4:03 pm
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Instrucciones para tomar cerveza

Gabriel Rodríguez García

Para seguir este instructivo se deberá estar en sus cinco sentidos, para que evite equivocarse o saltarse alguno de los puntos a continuación descritos. Primero se deberá de escoger un lugar en el cual se planee llevar a cabo las indicaciones, de preferencia un restaruante bar o solamente bar. La diferencia reside principalmente en el tipo y precio de los alimentos.

Estando en el susodicho se procede a sentarse en la silla o taburete de manera semi lenta apoyando ambos codos sobre la mesa o barra, no es mala idea observar el entorno para dejarse inducir por el ambiente, generalmente bohemio y/o festivo. Lo siguiente es levantar el brazo izquierdo con la palma extendida hacia arriba a la altura de la cabeza, señal necesaria para que el mesero ó cantinero se acerque de manera cordial (o por lo menos fingir la cordialidad en sus modales).

Si se va acompañado preguntar al o a los acompañantes que cerveza es la que desean beber, esto por simple cortesía. En caso de ir solo, preguntar al (en teoría por sus modos, amable mesero) con que cervezas cuenta el lugar, su respuesta pueden ser tres: que solo vendan el producto de cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma, cervecería Modelo o ambas. En caso de ser la primera opción se recomienda en el siguiente orden la cerveza a elegir: Indio, XX Ámbar, Superior, Bohemia Light, XX Lager, Tecate Light, Tecate, Carta Blanca, Sol en caso de estar hablando de la cervecería Modelo la lista seria la siguiente: Victoria, Pacífico, Montejo, Barrilito, Modelo, Corona, León, en caso de vender ambas tomar una moneda, arrojarla al aire y en caso de tocar águila se escogerá Modelo en caso de que la moneda resulte sol se escogerá alguna de la cervecería Cuauhtémoc.

Aunado a la cerveza se deberá de pedir un salero y un limón partido en cuatro partes simétricas el cual con el dedo índice y pulgar de la mano derecha se exprimirá dentro del embase, será decisión de cada quien el dejar el limón exprimido fuera o dentro del mismo. Inmediatamente después se tomará el salero y se colocará de manera invertida en la boca del embase agitándolo de tres a cuatro veces dependiendo del diámetro de los agujeros de salida de manera que la sal caiga de manera generosa y de preferencia que los granos lleguen al fondo del embase y quede un poco escarchado en la parte superior o “boca de la botella”.

Si viene acompañado esperar que los demás hagan lo propio para proceder con el “brindis”, se deberá sujetar la cerveza con el dedo índice, pulgar, anular y el dedo corazón, también conocido como “dedo medio”, “mayor” o “cordial”, el meñique normalmente quedará apuntando hacia arriba emulando a una antena. A continuación se deberá levantar la cerveza a la altura de los ojos acercándola a las demás y golpeándolas de manera que el sonido sea lo suficiente para ser escuchado por todos los participantes, inmediatamente o a la par de este movimiento se deberá de decir la palabra “Salud” quizá alargando el sonido en la “u” para continuar con la ingesta del líquido, este se deberá de saborear de manera lenta degustando los granos de sal mezclado con el cítrico y la cebada fermentada. En caso de ir solo, el brindis queda descartado y sólo se procede a la ingesta.

El cómo remediar los efectos del consumo se tocarán en otra ocasión.

noviembre 10, 2009

L’amoure……….!

Archivado en: Cuento — gabrielrdz75 @ 12:46 pm
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l'amoure5L’Amoure

Gabriel Rodríguez García

Daniel iba tarde al trabajo, había peleado por veinteava ocasión con Lucero pero eso no le importaba mucho, su trabajo era su vida, su esposa pasaba a segundo o quizá a tercer plano. Además de acelerar su Mustang’65 escuchaba las noticias financieras, planteaba respuestas creíbles para sus quejosos clientes, se acomodaba el pelo engomado de cuando en cuando el cual no se movía, revisaba la agenda de su celular, tomaba su café expresso y también recordaba la mirada vacía de Lucero. Apretó el volante y aceleró aún más, no podía llegar tarde a la junta del consejo pero era inevitable  llegaría aproximadamente siete minutos tarde, nada grave. Daniel era bueno con los números, con su esposa no tanto, pero era lo que menos le importaba.

Más adelante observó el semáforo que de verde pasaba al parpadeo del ámbar, mierda, pensó, sí alcanzo a pasar.  Daniel hizo sus cálculos  en una fracción de segundo, no lo voy a lograr aceleré tres segundos tarde me van a faltar nueve metros, mierda. Lo más admirable de Daniel, según Lucero, era su habilidad con los números, para su esposo todo era aplicable numéricamente. El velocímetro marcaba 123 kilómetros por hora, soltó el acelerador y piso el freno con furia pero este no opuso resistencia, como si no existiese, Dios. El mustang seguía acelerando en la bajada hacia el cruce no había carros delante ni detrás sólo el semáforo a 20, 19, 18 metros de él, volvió a pisar el freno sin ningún resultado, ¿así se siente?, se preguntó mientras apretaba el volante como si de ello dependiera su vida. No tuvo más remedio que pisar el acelerador a fondo, quizá alcancé el amarillo, el rugido del motor mezclado con el olor a aceite y gasolina lo envolvió, 140, 152 kilómetros por hora, 8,7,6,5 metros.

Antes del impacto todo fue silencio, sentía el viento enfriando el sudor de su rostro, Lucero… alcanzó a decir muy bajito. La camioneta golpeó al deportivo entre el cofre y el asiento del copiloto proyectándolo contra un poste de concreto, Daniel salió disparado por la ventana estrellándose en el asfalto, varios metros más adelante.

El sol del medio día silenciaba aún mas la escena, un perro se le acercó lentamente, olfateando y lamiendo la sangre de su rostro, le dio un par de vueltas al cuerpo desfigurado y se sentó a su lado apoyando el hocico en lo que minutos antes había sido un hombro. Pasó media hora para que la ambulancia lo llevara al hospital.

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Cuando Lucero llegó a la sala de emergencia su esposo estaba siendo operado. Después de 9 horas salió el doctor Rangel, su rostro lo decía todo.

–Señora – el doctor respiró hondo – a consecuencia del impacto, una parte del cofre le fracturo en cinco partes el fémur de la pierna izquierda de una manera en la que… bueno tuvimos que amputársela– volvió a jalar aire respirar -ambos pulmones se colapsaron y tuvimos que retirarle la mitad del vaso, lamentablemente también sufrió un trauma craneal el cual le provocó un coma de cuarto grado- Lucero parecía no escuchar al doctor- esto señora significa que probablemente tenga muerte cerebral, va a necesitar de respirador para seguir con vida, en algunos casos existe una mejoría en los primeros días después del coma pero… lo veo poco probable primero tenemos que esperar a que se estabilice para volverlo a evaluar –el doctor la tomó del brazo apretándolo un poco- lo siento mucho – la mujer sólo asintió sin decir nada.

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El miércoles, tres días después de la intervención, permitieron a Lucero ver a su esposo en cuidados intensivos por un par de horas. Verlo postrado con las sondas, el respirador y el sonido del monitor de signos vitales, le obligaron a taparse la boca para no vomitar, cayó de rodillas al piso y lloró sin hacer ruido.

El tiempo hizo lo suyo y cada vez fue menos difícil verlo atado a los aparatos, Lucero iba todos los días a visitarlo, se sentaba a su lado y platicaba con él o al menos eso era lo que ella sentía. Las primeras semanas fueron malos recuerdos, reproches, insultos, de las veces que la engañaba, todas, cada una de ellas, de las golpizas y sobre todo de la brutal indiferencia.

Pero Daniel sí la escuchaba. En silencio, inmóvil, en la pausa perpetua la escuchaba y le respondía en su mente, Lucero aquí estoy  sí te escucho, los escucho a todos estoy vivo sigo aquí. Pero era inútil, su única respuesta era el continuo sonido del monitor cardiaco. Una semana después de salir de la cirugía había recobrado la conciencia, pero nadie lo sabía, no podía hacer absolutamente nada al respecto, el doctor Rangel todas las semanas le repetía lo mismo.

–Lo siento señora, su marido sigue sin responder, lamentablemente es un caso de muerte cerebral- pero él escuchaba, entendía, sentía las palabras.

Paso el tiempo y la plática de Lucero cambió de tono, ahora ya no hablaba de traiciones y reclamos ahora recordaba sus años de noviazgo de cómo ella siempre lo quiso más de lo que él a ella, de la vez que se fueron de viaje y jamás regresaron, de la primera vez que hicieron el amor.

El la imaginaba perfectamente, seguro se encontraba sentada en una silla con las manos sobre las rodillas, sonrojándose aunque nadie la viera, volteando hacia abajo y hablando quedito. Pero no… ella en realidad caminaba alrededor de la cama, sin hacer ruido, rozando sus cicatrices con las yemas de los dedos, apretándolas… haciéndolas sangrar un poco.

A las 9 de la mañana como cada viernes llegó el doctor Rangel, con un semblante indescifrable, plástico.

–Señora, ya pasaron seis meses desde el accidente, su esposo no se va a recuperar. Necesito saber si desea que sigamos manteniendo a su marido con los aparatos o lo dejamos descansar y lo desconectemos, ya no podemos hacer nada por él-  Lucero no dejaba de ver por la ventana, afuera hacía mucho viento y cortinas de agua caían del cielo, pero en el cuarto sólo se escuchaba el interminable bip del monitor.

Daniel que meses atrás le había agradecido en silencio al doctor Rangel que lo hubiese salvado, ahora lo destrozaba a insultos, no lo escuches Lucero, amor, sigo vivo, aquí estoy hijo de puta, por que no vas y matas a tu madre, pero su rostro seguía igual que hace seis meses, inmóvil, pétreo.

- No doctor, aunque piense que estoy loca, pero nunca habíamos estado mejor. Daniel y yo, jamás le había platicado las cosas que ahora le platico y él nunca me había escuchado con tanta atención, lleva meses sin golpearme, sin humillarme ¿por qué habría de matarlo ahora?

El doctor le iba a contestar ofendido, que no era matar a nadie, que era un acto humanitario, pero se detuvo, se acomodó los lentes dio media vuelta y salió del cuarto, gracias querida, si pudiera llorar lo haría, del ojo derecho de Daniel rodó una lágrima que él no sintió pero su esposa alcanzó a ver.

–No, no, no, ni creas que te vas a despertar, no ahora, así estamos mejor-  Lucero le abrió la bata a su esposo, le quitó los electrodos del pecho poniéndoselos en el suyo, ya lo había hecho antes, solo por diversión, porque estaba aburrida y funcionaba, nadie se daba cuenta – yo también soy buena con los números sólo que nunca supiste nada de mí, sólo necesito cortar el oxígeno doce segundos, no es tan complejo querido- Daniel abrió los ojos, un poco, alcanzó a ver a su esposa cerrando la válvula del tanque de oxígeno, sus pupilas se dilataron, pero no pudo hacer mas, volvió a sentir el abismo, el vértigo que sintió el día del choque.

Lucero lo miró y sonrió un poco, sólo una mueca.

–Sé que me escuchas querido, aunque el doctor diga lo contrario sé que me escuchas y me entiendes y no creas que te vas a escapar de mí tan fácil, así estamos mejor, tu escuchando, quietecito, calladito, nunca imaginé que el dejarte sin frenos nos iba hacer tan felices-  se acercó y le dio un beso en la frente –bebé, ¿te acuerdas cuando fuimos al carnaval de Rio?…

noviembre 5, 2009

Diva…

Archivado en: Cuento — gabrielrdz75 @ 5:21 pm
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Diva

Gabriel Rodríguez García

Cayó un meteorito en el patio de mi casa, el impacto fue ensordecedor, llevaba dos semanas pensando el por qué mí matrimonio había durado sólo una cuando el meteoro cimbró y revolvió mis teorías. Tomé una cuchara sopera como arma, en algún diario amarillista leí que alguien había utilizado una cuchara parecida para asaltar un banco así que no se me hizo tan descabellada la idea, salí al patio sin saber lo que iba a encontrar, a mis treinta años había sentido miedo muchas veces pero nunca tanto. La escena era dantesca: el cráter lo cubría todo, lo que alguna vez fue mi patio ahora era un pozo humeante. Algo me llamó la atención, un huevo se encontraba en medio del gran pozo, un huevo enorme como de avestruz, al verlo el hambre opaco el miedo. Imaginé la cantidad de desayunos que podría hacer con él: huevo con chorizo, con papa, con salchicha, rancheros, cuando estaba pensando en el suculento huevo con tortilla este comenzó a romperse, afiancé mí cuchara y me acerqué sigiloso; del huevo comenzó a salir humo, después una mano, luego otra y por fin una niña azul con pelo verde, se acercó poco a poco, se paró frente a mí, me quito la cuchara y me golpeó la cabeza dejándome inconsciente.

Me desperté en el patio, me levanté y seguí las huellas azules por la casa, por fin encontré a lo que -no se hace cuanto tiempo- fue una niña convertida en toda una mujer con una hermosa piel púrpura y su pelo ahora amarillo verdoso, un color extraño jamás visto imposible de ponerlo en palabras. La mujer se encontraba completamente desnuda en la cocina arrasando con toda la comida, lo primero que hice fue correr al baño y mirarme en el espejo, temía ver a un anciano, pensé por un momento que había quedado inconsciente por lo menos veinte años, pero no, seguía siendo el mismo, con la misma cara lo único diferente era el enorme chipote que tenía en la cabeza.

La niña había crecido de una manera impresionante, tal vez fue el cereal nuevo con extra-vitaminas y súper-hierro que compré, ahora estaba devorando las croquetas de mi chihuahua, temiendo que el pequeño “taco bell” fuese la siguiente víctima del hambre voraz de mi “invitada” lo encerré en el ático.

La mujer púrpura seguía con cuchara en mano, su boca estaba embarrada de mermelada de fresa, me le quedé viendo un rato, me devolvió la mirada y me sonrió, pero supongo que la aburrí por que prefirió irse a ver la tele que había dejado prendida toda la noche. Se sentó, me senté a su lado; a la media hora ya nos estábamos peleando por el control remoto, por un momento me recordó a mi ex esposa, yo quería ver la biografía de Isaac Asimov y ella quería ver Friends pero la cuchara hizo la diferencia.

El día pasó rápido y para la noche ya éramos amigos, platicaba imitando las voces de la tele yo me reía con sus ocurrencias hasta olvidar su desnudez y belleza indescifrable.

Mas tarde le enseñé a bailar y ella me enseñó a besar de una manera diferente, supongo que imitaba las telenovelas, su boca sabia a mermelada. Después de las lecciones de besos de fresa me fui a dormir. En la madrugada me levantó frenética y me violó, me hizo el amor de una manera salvaje ¿qué película tan enferma habrá visto? no lo sé y la verdad lo agradezco, sólo me deje llevar, acabe medio muerto. Desperté dos días después, cuando abrí los ojos me di cuenta fascinado que había cambiado una vez más, ahora no era púrpura su piel, era un hermoso rojo fuego y su pelo un amarillo casi blanco, pero seguía siendo la misma, brincando en la cama, riendo a carcajadas, comiendo como naufrago.

Decidí llevarla de compras, llegamos al centro comercial e inmediatamente se convirtió en la sensación del lugar, todos la admiraban y la invitaban a salir. Un día un productor de televisión la invitó a un programa, después de eso ya no volvió a casa, ahora es una diva, todos los días la veo en la televisión, todos los días con un color diferente de piel, me desvelo, no duermo, no duermo esperando que caiga otro huevo en mi patio…siento que olvido algo ¡Dios mío, mi perro!

noviembre 2, 2009

Lástima que ya no existan…..

Archivado en: Crónica — gabrielrdz75 @ 4:52 pm
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Los tacos del mani

Gabriel Rodríguez García

En la Avenida Madero entre Héroes de Nacozari y Artículo 123 de la Ciudad de Monterrey se encuentran los tacos del mani. Se dice que para poder apreciar este lugar y degustar dichos tacos se debe de estar afectado por el alcohol y llegar en las primeras horas del día, de preferencia después de la once de la noche.

El área que rodea la taquería podría parecer insegura y peligrosa para ojos ajenos y no conocedores, la realidad es que el ambiente y la sensación que se vive estando parado frente a ellos es acogedora y de cierta seguridad provocada por el entorno y los comensales.

¿Que cómo es el lugar?, pues es un puesto metálico, mal soldado, peor pintado, con la siguiente leyenda en la parte inferior: “tacos del mani, sírvase a probar la mejor barbacoa” y a un lado la pintura de una res sonriendo de manera un tanto tenebrosa.

En la parte posterior, iluminada con un foco amarillo de bajísimo wattaje, se distingue entre sombras una cabeza y demás partes de una res, junto a esta se divisa otra leyenda en un pedazo de cartón mal cortado “No fiamos oi, mañana si, ebitenos la pena de mandarlo a chingar a su madre”. Don Juan, supongo el dueño, es un viejo taquero de la vieja escuela, cobra y “prepara” los tacos al mismo tiempo, recibe billetes, regresa  monedas y corta la carne sin dedicarle tiempo a la limpieza, sus manos permanecen lejos de una toalla, ni hablar del agua y mucho menos del jabón.

El nombre de esta taquería viene de que los platos no se conocen en este lugar. Al pedir un taco se debe de extender la mano y Don Juan sin voltear pica el ojo, el paladar, lengua, cachete y tripas de la res, avienta una tortilla de harina que de alguna manera cae en la mano extendida y segundos después sirve la barbacoa picada. La gente que va por primera vez se dividen entre los que se sorprenden molestos y los que aplauden ante la bizarra escena, entre más avanza la noche o el día dependiendo de la hora de llegada, los borrachos, taxistas, policías, perros, ladrones, estudiantes se acercan y hacen fila.

La magia termina cuando se escucha el tren a lo lejos, el tren de las 6 de la mañana. Como reloj suizo Don Juan deja de picar, cobra en silencio, pone su cadena oxidada, el candado sucio, chifla entre agudo y rasposo y se aleja caminando, algunos dicen que al rastro, otros que a la perrera, los peores que al cementerio… la verdad no importa la gente regresa y lo hacen con una devoción envidiada por la iglesia.

El grillo canta…

Archivado en: Cuento — gabrielrdz75 @ 6:36 am
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El grillo canta

Gabriel Rodríguez García

Berlín, 31 de Agosto 1943

No se que sucede, siento la mano de mi madre jaloneándome bruscamente, sacándome de la cama con mi pequeño hermano en sus brazos, dejamos todo atrás, mi madre sólo trae unas mantas y algo de comida. Mi padre no está, ya no me acuerdo de su rostro, sólo recuerdo su voz, sus gritos. Corremos por la ciudad vacía, el cielo parece estar en llamas, las estrellas desaparecieron hace mucho, las nuevas se mueven a gran velocidad y son de fuego.

Llegamos al refugio pero no hay manera de entrar, hay mucha gente afuera gritando, mi madre saca una medalla de su bolso y el guardia nos deja pasar, al parecer mi padre es o era importante, ya no lo se; dentro la gente se empuja y se grita, es difícil ver que sucede, la luz de una vela lejana no ayuda mucho, tenemos suerte y encontramos un lugar para sentarnos, mi madre me da algo de comida y tapa a mi hermano con las mantas  intento comer pero todo lo vomito, aquí huele a muerte, así no se puede.

Hay un pequeño radio que habla sobre las victorias en los diversos frentes, de cómo los valerosos soldados resisten las embestidas de los aliados, todos prestan atención, no se escucha ningún ruido, sólo el del radio y el cantar de un pequeño grillo. De improviso la voz de un viejo exclama enojado “¡Mentiras, mentiras!”, nadie dice nada, esa voz la conozco bien, es el señor Kertz, el panadero que vive a dos calles de la casa, nunca lo había escuchado gritar. Las noticias son las mismas de siempre, siempre las mismas mentiras.

Trato de dormir pero no puedo, un sonido peculiar me llama la atención, es un silbido lejano, los demás también lo escuchan por que todos dejan de murmurar, sólo se escucha el radio, ahora con la ópera de Wagner el Anillo del Nibelungo, Wagner y el grillo. Pero el silbido se impone; agudo, frío, creciendo rápidamente. Escucho mi respiración, siento mi corazón agitado, mi madre me toma la mano lastimándome, el silbido sube de tono, fuerte, claro, furioso, alcanzando su clímax; después una explosión, mis oídos chillan, los gritos llenan el viejo refugio mientras las paredes tiemblan y siento como el polvo se mete en mi boca y en mis ojos, “¡Bombas!” grita el viejo panadero “Esos perros bombardean Berlín”, todos escuchan su voz lastimosa enmudeciéndonos, nadie dice nada, sólo la ópera y el grillo con su cantar constante, despreocupado.

Otra vez el silbido, esta vez más claro, una mujer grita histérica “Vamos a morir”, la voz del viejo se vuelve a imponer  “¡Calla mujer! vas a asustar a los niños”. Pobre señor Kertz vivía con miedo desde que comenzó la guerra, como todos los demás. El silencio de nuevo, otra vez el horroroso baile de ruido y silencio, a la par de las partes bajas de la ópera. De nuevo un silbido lejano, más claro que los anteriores, el sudor corre por mi espalda causándome escalofríos, mi madre abraza a mi pequeño hermano, alguien me abraza muy fuerte. El silbido lo es todo, es el sonido del miedo, aumentando, llegando a su punto máximo, esta vez la explosión me sacude con fuerza, como si estuviera dentro de una caja de cartón que alguien patea.

A lo lejos  se escucha una sirena, mi madre llora, la abrazo y la beso, me doy cuenta que también lloro pero el grillo sigue indiferente, en el radio ya no hay ópera, sólo estática, de nuevo la voz del viejo, como lo odio “Destruyeron la estación, eso está a menos de un kilómetro”. Se escuchan murmullos, discusiones, pero una explosión nos enmudece, más explosiones, una tras otra, cada vez más cerca, después silencio.

El silencio es lo peor, es la espera lo que nos mata. Mi madre no deja de llorar y de abrazarme, mi hermano creo que está muerto, no quiero saberlo, muchos aquí ya lo están; muertos de miedo, de cansancio, de decepción.

Alguien apaga el radio, sólo queda el grillo que no deja de tocar su extraño instrumento. Ahora un silbido lejano, uno mas, dos mas, cientos más, inevitables, no puedo dejar de temblar, siento como me orino y me aferro a mi madre,“Ya amor, ya va a pasar”, pero hay algo que me hace temblar más fuerte, de entre todos los silbidos sobresale uno, este es diferente; es una flecha, es música horrible, más claro que los anteriores, se acerca, lo siento afuera, lo siento, siento como el silbido se convierte en furia, no deja de caer, no deja de crecer, con más y más fuerza, mi boca seca ya no puede gritar, el sonido crece como un grito sobre nosotros.

¡Dios mío! el grillo ya no canta, el grillo ya no…

Starbucks . y esto sucedió a principios de año…

Archivado en: Crónica — gabrielrdz75 @ 3:43 am
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starsucks

Starbucks

Gabriel Rodríguez García

Martes 24 de Marzo, 2009

Como todos los viernes y sábados de cada quince días tengo que ir a Cancún, ya que estoy llevando la maestría en Valuación de Inmuebles, en el Colegio de Ingenieros Civiles de dicha ciudad.

Normalmente salgo de Playa del Carmen a las 7:45am para llegar a las 9am al colegio, hora en la que en teoría empieza el curso, el fin de semana del viernes 21 al domingo 23 de marzo fue la segunda sesión de la clase de Capitalización de Rentas. Ese viernes teníamos examen así que me fui un día antes a la “paradisíaca” ciudad para estudiar un poco más, con la esperanza de que ahora si mi obeso hámster retuviese algo de información. Llegue al medio día y comí en casa de una amiga que amablemente me invitó a comer, después dedicamos la tarde al estudio de manera afanosa y admirable, por lo menos en mi caso. Para las 7 de la tarde llegó una amiga de mi compañera de estudio y decidimos suspender la sesión e ir a tomar un café, ya teníamos los formatos en las computadoras para aplicarlos en el examen, la tranquilidad me abrazaba de manera sospechosa, no había razón para no aceptar dicho café.

Decidieron ir al Starbucks de Paseo Cancún, dos mujeres contra mí, no tenía mucha oportunidad en esa discusión, además me sentía bien, el examen estaba en la bolsa. Llegamos a las 8pm en punto y nos sentamos en una mesa de esas que ponen afuera, donde la gente puede fumar y por ende yo fumarme el humo ajeno, pero eso era lo de menos, el examen ya no me preocupaba. Me senté y me desparrame en la silla imitación madera, coloque mi laptop debajo de la misma, estire mis piernas y brazos, tome mi latte alto con leche deslactosada light con doble shot, le robe un pedazo de brownie a mi amiga saboreándolo con un desenfado insuperable, me sentía bien, el examen ya no era problema.

Después de tres largas horas decidimos partir, quedaba poca gente en el lugar, nos paramos al unísono, muevo la silla para recoger mi computadora y… sorpresa la mía al ver que ya no estaba.

Mi primera reacción fue la de exclamar entre risas y nervio, -¡No mames, ¿dónde la escondieron?!, mis amigas no respondieron solo me miraban nerviosas, no estoy seguro si por ver mi cara o al entender lo que estaba sucediendo, ahí comenzó el camino de bajada, el digerir que me habían robado la computadora en mis narices, debajo de donde estaba sentado, no tenía sentido, no había lógica, recordé la novela de Orwell donde obligan al protagonista a creer que: 2+2 es 5, pero la realidad era que 2+2 es 4 como siempre lo ha sido, no tenía sentido el pretender algo distinto, alguien me había robado.

Corrí de un lugar a otro con la nula esperanza de ver a alguien caminando tranquilamente con mi morral en el hombro, maldije en voz alta, gritando todas las groserías conocidas y no conocidas, mientras la poca gente me veía apenada, imaginándose en mis zapatos, después de algunos minutos, la realidad me volvió a golpear, la razón me tumbó, fría, “haz perdido todo, música, películas, cuentos, novelas, intentos de poesía, trabajo, fotos, videos semi-comprometedores, recuerdos…” era mi propia voz taladrándome, ahí comenzó la segunda bajada, el clásico veneno del hubiera, del hubiese: si hubiera respaldado mis documentos, si hubiese dejado la computadora en la camioneta, si la hubiera subido a la mesa, si hubiese revisado mi correo mientras degustaba el complicado café.

Mierda, me acuerdo y me doy cuenta que todavía me queda ese sabor a oxido del recuerdo.

Después del micro luto, fui con el encargado de seguridad, que según el ya había analizado las CCTV´s, ese fue el termino que utilizó (Closed Circuit Tele-Visions) o cámaras de circuito cerrado a mi entender, con los resultados predecibles, no se veía nada, le ofrecí dinero si me daba alguna imagen de los amantes de lo ajeno, así que volvió a revisar los videos o en realidad ahora si los vio, pero con el mismo resultado; desistí darle seguimiento al proceso en el MP (Ministerio Público) ya que me pedían: la factura, identificación oficial, comprobante de domicilio, acta de nacimiento, tipo de sangre, carta de lo sucedido, al no contar con la factura y al ver la mirada y escuchar el tono de voz totalmente desinteresado de los que en teoría imparten la justicia, decidí ahorrarme ese frustrante e inútil proceso.

Viernes 21, día del examen y yo sin la computadora y única salvación; mi amiga llega con una laptop extra para poder sortear el momento, a pesar de los pronósticos termino la prueba sin mayor dificultad, todos me preguntan que ha sucedido con mi bonita mac blanca y doy la explicación, una y otra vez, cada vez mas resumida, cada vez mas escueta, me cruza por la cabeza imprimir un mensaje en mi camisa, “Sí, me robaron mi computadora en un Starbucks… la tenía debajo de mi silla… lo se… el valor de la misma no importa si no su contenido… ya se…gracias”.

A la gente le gusta escuchar este tipo de cosas siempre que no sean ellos los protagonistas, a la mierda la filosofía, a la mierda las frases precocidas,  “seguro no te volverá a pasar”, “por lo menos no te asaltaron o te hicieron algo”, “a mí me rompieron el vidrio del carro para robármela”, “a la otra vas a tener más cuidado”, “las cosas pasan por algo”, “el destino así lo quiso”, me cago en el destino, a la mierda toda su filosofía barata, si me topo al graciosito que me hizo la payasada no creo que estas frases eviten pasarle por encima con mi camioneta para, por lo menos, dejarlo algunos días en el hospital donde quizás lo llegase a visitar, para escupirle en su comida y mearle en su limonada.

noviembre 1, 2009

Hello world!

Archivado en: Uncategorized — gabrielrdz75 @ 9:17 pm

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